viernes, octubre 26, 2007

EL CORRECTO USO DE LAS PALABRAS. Andres Rojo.

Con el fin de explicar la falta de respaldo ciudadano, la Presidenta Michelle Bachelet ha acuñado un nuevo término: El "femicidio político", sin darse cuenta que por seguir la moda respecto al femicidio, que es una situación grave y seria, ha tomado prestada una palabra que no existe -porque están aceptados el homicidio, el fratricidio o el parricidio, pero no el femicidio- y la ha mezclado, además, con el calificativo de "político", que no tiene nada que ver con el drama que viven muchas mujeres y que, por el contrario, resta relevancia al "femicidio".
Es comprensible que la Presidenta, que seguramente siente que lo está haciendo lo mejor que puede, trate de dar una explicación a la baja adhesión de las encuestas, pero tiene que tomar en cuenta que, así como ha sido la mandataria peor evaluada desde 1990 a la fecha, tiene de todos modos un nivel de respaldo que le envidiarían muchos gobernantes latinoamericanos a la mitad de sus mandatos. Resulta inevitable, en cualquier caso, recordar al general Pinochet cuando se quejaba de que sus opositores intentaban hacerle un "asesinato de imagen", lo que sólo viene a confirmar la soledad y la incomprensión del poder.
Días antes, Joaquín Lavín había ya inventado otro término: El "bacheletismo-aliancista", que tampoco es correcto desde el punto de vista del lenguaje, si se considera, primero que bacheletismo no existe en Chile, como hubo y aún hay un laguismo, un freísmo o un aylwinismo; y luego que si se trata de referirse a la Concertación los términos son contradictorios. Sería como decir "comunista-liberal" o abstemio-alcohólico".
Si, en cambio, lo que Lavín quiso decir es que no hay diferencias entre uno y otro sector habría que reconocerle mayor grado de genialidad, casi como el que se necesita para descubrir la forma de estar siempre vigente y en el ojo del debate político, incluso cuando no se es candidato a nada. Las palabras, sin embargo, tienen que ser empleadas adecuadamente porque a partir de su uso es que se construyen las ideas, y sobre estas se levantan las sociedades. Si acostumbramos a los chilenos a que los dirigentes políticos tienen como principal actividad la invención de nuevos términos, nos olvidaremos que su responsabilidad es conducir a la Nación a mejores condiciones de vida.
El afán de llamar la atención a través de la invención de palabras implica además la constatación de que la política se hace a través de los medios de comunicación, y dentro de ellos preferentemente con "cuñas", que es el término empleado por los periodistas para referirse a la frase que se reproduce textualmente en la boca del protagonista en una información. Hay políticos expertos en cuñas y asesores que los incentivan a hablar en bloques de treinta segundos o menos, para que puedan ser reproducidos con facilidad en la televisión.
Pero se desatienden los contenidos de fondo cuando el uso y abuso de las cuñas lleva al extremo de inventar términos que no tienen sentido en sí mismo.